DONDE TODO COMIENZA
Hay familias que el mar elige.
Por parte de nuestro padre, el agua corre por las venas de los Londoño desde hace generaciones. Mucho antes de que existiera un astillero, ya había Londoños que veían el agua no como un paisaje, sino como un camino, y que ayudaron a un país de ríos y dos mares a aprender a navegar por ellos. Carlos Hernando Londoño llevó eso a Cartagena de Indias e hizo lo que hacen los hombres de esa clase: construyó.
Por parte de nuestra madre llegó algo más silencioso. Provino de un hombre que lo perdió todo hogar, patria, certezas y volvió a empezar al otro lado del océano. No dejó a sus descendientes ninguna fortuna. Les dejó algo más difícil de perder: la certeza de que la vida sigue adelante. Siempre adelante. Especialmente en medio de la tormenta.
La artesanía por sí sola construye barcos. La artesanía y el alma construyen algo completamente distinto.
Nació TMR.
Nació en Cartagena de Indias, donde el Caribe no perdona a quienes no están preparados y no olvida a quienes son dignos de él.
Un bote, al final, no es un bote. Es el tiempo que pasas con los tuyos. Es lo que les dejas y, sobre todo, lo que les enseñas.
Eso es lo que hacemos.
Frank y Jorge Londoño
Hijos del fundador. Constructores de lo que vino después.



